martes, 30 de diciembre de 2014

Transformación

Sentada,
Sentada recordando su vida, las alas partidas, las caras olvidadas, las bocas sin saliva,
frustrada por palabras no dichas, palabras escritas,
invisibles para el mundo, sin que nadie las describa.
ella con su piel de garza, su corazón de mármol, sus ojos de hiena,
sentada sin más en sus manos que agua salada,
sin más en sus ojos que lagrimas pardas,
ella se escondió en las sombras de insultos que aguardaban arrancarle el alma.

Él, observó de lejos su espalda cansada,
sus pies agotados, de tanto andar
¿Qué la ha impulsado a sentarse?
¿Qué la ha invitado a descansar?
Si ella, aún con sangre en las uñas, seguía su rumbo, sin llanto albergar,
Se acercó suavemente, no la quiso alarmar,
su semblante de cerca era hermoso, quiso acercarse un poco más,
penetró en sus ojos, le miró despacio,
sus ojos obscuros somnolientos estaban,
lo besó en la frente, lo abrazó con fuerza, le agotó la carne, le dejó caer,
le susurró al oído palabras extrañas, que él confuso no puedo entender.

La recordó en los días, como si estuviese allí,
en las noches la buscó sin triunfo ni fin,
¿A dónde fue?
Se llevó con sigo la paz,
el amor que en él habitaba,
lo dejo en soledad,
se fue lejos, se fue sin decir más,
los días pasaron frágiles, las voces le hirieron un poco más,
caminó por senderos dorados, rodeados de arbustos, con el cielo azul,
Anduvo por charcos repletos de lodo, gusanos, lombrices y pus,
arrastró su cuerpo por túneles negros, con afiladas piedras, que en él clavó sin cesar,
en busca de su pequeña niña, pequeña de sombras, ojos de cristal,

el tiempo sanó sus heridas,
el tiempo le hizo olvidar,
aquella niña de porcelana,
que él fue algún día,
que no volverá a ser jamás.


                                                                                Soledad venérea


                                                                  

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